
"No tengan deudas pendientes con nadie,
a no ser la de amarse unos a otros…"
Carta a los Romanos 13:8
En Puerto Rico en los meses de mayo y junio, como en otras partes del mundo, se celebra el Día de las Madres y el Día de los Padres. Independientemente de la dinámica cultual y comercial que se genera la festividad u ocasión debe capitalizarse como el momento justo para reafirmar, renovar y expresar el amor que tenemos por nuestros padres progenitores. En las escrituras no aparece de manera explícita e imperativa nada relacionado a una celebración tal y como la conocemos y la celebramos hoy. Por otro lado, es importante señalar que hay base bíblica para dar lugar a tales celebraciones.
Punto de partida: Dios es Padre y nos ama.
A tales efectos lo primero que hay que decir es, que el evangelio, el mensaje de Jesús es un mensaje de afirmación. En el evangelio de Juan 3:16 se nos dice “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna” (R y V 1995). Lo dominante aquí es que Dios en calidad de Padre y amigo nos ama. Ha mostrado ese amor a través de la persona de Jesús. En Jesús ha evidenciado su amor incondicional e inequívoco por todos los seres humanos y el hecho maravilloso de que somos valiosos e importantes ente los ojos de Dios. ¿Qué implicaciones tiene lo anteriormente expresado? Respuesta, si yo como ser humano con virtudes y defectos soy importante para Dios, entonces todo ser humano es importante para mí también y como tal debe ser tratado. Por consiguiente, hay razones de más para tomar tiempo para la afirmación de todos/y todas aquellos/aquellas a través de los cuales Dios nos ama y está a nuestro lado.
En las Escrituras también encontramos el texto “Honra a tu padre y a tu madre” mandamiento con promesa, para que te vaya bien y seas de larga vida sobre la tierra (Efesios 6: 2-3) Y otro, en calidad de pie forzado “No tengan deudas pendientes con nadie, a no ser la de amarse unos a otros…” (Carta a los Romanos 13:8. R y V 1995). En resumen, en las relaciones de padres e hijos, como en todas las relaciones interpersonales debemos invertir tiempo en la mutua afirmación.
Faltas contra el amor:
Primeramente, me dirijo a los padres, que tienen a sus progenitores vivos y tienen hijos(as). Es importante estar conscientes de que las faltas más graves contra el amor son las faltas de omisión. Éstas tienen que ver con el hecho de que se deja escapar la oportunidad y la posibilidad de realizar el gesto intencional y deliberado de comunicar a quien está a nuestro lado cuánto se le ama, aprecia y se le agradece. En el mundo de las relaciones interpersonales y familiares se comete el error (un error lo comete cualquiera) de dar por sentado que los demás conocen con certeza nuestros sentimientos y emociones hacia ellos. Se olvida que el “otro”, quién quiera que sea, no está obligado a entender y adivinar nuestros sentimientos. Pretender tal cosa es propiciar frustración, desapego, aislamiento e incomunicabilidad; situaciones que vemos en muchos hogares de Puerto Rico.
El antídoto para superar problemas potenciales como los antes señalados es abrir, despegar los labios y decir a la persona cercana: Te amo, Te quiero, Eres importante para mí, te necesito, porque te amo. Decirlo cuando es el momento propicio, cuando es útil, cuando hace la diferencia; no cuando es demasiado tarde.
Todos somos deudores:
Recordemos, que en la vida no caminamos solos. Dios nos acompaña y está presente en y a través de los que caminan con nosotros y nos aman. Entre ellos: mamá y papá. ¿Dónde y cómo están los que alguna vez caminaron con nosotros? Puede que podamos responder, otros tal vez no.
Como ejercicio válido de afirmación. Ánimo a armamos de valor y a revelarnos contra la tiranía del no tengo tiempo, del cumplir solo con el trabajo o con la búsqueda del propio interés. Como dijo el Salmista “enséñame a contar mis días para traer a mi vida sabiduría”. El tiempo disponible para amar y afirmar a los demás es corto. Miguel de Unamuno dijo “… ay, eso de cómo se va el tiempo y como en su ir lo transforma y deforma todo” no se puede protestar. Hay que hacer un alto… detener el tiempo y mirar atrás… intentar recapitular el camino andado para ver de donde hemos venido y afirmar a los que nos han amado y ayudado a llegar donde estamos.
En el esfuerzo de recapitular las cosas pasadas es inevitable hacer un acto de justicia hacia todas aquellas personas que de una u otra forma, directa o indirectamente contribuyeron a lo que cada uno de nosotros es. El teólogo alemán Dietrich Bonheffer dijo: “en la vida no siempre somos conscientes que es más lo que recibimos que lo que damos… que se reconocen los méritos de los demás, pero si algo somos es en virtud de lo que los demás hacen que seamos”. Martin Buber afirma “Todo lo real en la vida es encuentro. Cada uno llega a ser, el que debe ser, siempre mediante el otro: mi yo se forma en el TÚ”. Desde el mismo momento de nuestro nacimiento ya estamos recibiendo de los demás todo tipo de provisión de amor y protección, estímulos que facilitan el desarrollo de los sentidos, el lenguaje y todo nuestro desarrollo espiritual, intelectual y personal. De igual modo también recibimos de los amigos y compañeros de camino en la comunidad y en la escuela. Ellos nos ayudan en el ejercicio de la afirmación del yo. Hacen que seamos el amigo con quien nos identificamos, el que nos acepta y acoge, con quien compartimos sueños e inquietudes, alegrías y penas, miedos y frustraciones. Lo que es más interesante para mí, me saca del anonimato cuando me llama por mi nombre, me toma en cuenta, me reconoce y señala.
Estimado padre, estimado hijo, que pases un extraordinario Día de los Padres. Que Dios les conceda la gracia, sabiduría y valor para amar incondicionalmente a todos los que Dios ha colocado a su lado… mis mejores deseos y felicitaciones.
Finalmente, todos somos deudores. Rechacemos, la apatía y la indiferencia del escenario de las relaciones interpersonales. En cambio, paguemos nuestras deudas. A todos adeudamos todo tipo de acto deferencial tales como: saludo, palabra afable, el buen tono al hablar, abrazos (el abrazo es terapéutico), los buenos días, un Dios le bendiga, un favor, un acto solidario, empatía, una sonrisa, un apretón de manos, un ¿Cómo se encuentra…? en fin continue usted con la lista.
Gracia, Paz y Bien.
