
El Tribunal Supremo de Estados Unidos ha emitido una sentencia en una serie de casos sobre matrimonio entre personas del mismo sexo agrupados bajo el nombre de Obergfell v. Hodges. La cuestión central del caso es, si cada estado debe permitir que las parejas del mismo sexo puedan casarse legalmente, ha sido contestada afirmativamente.
La Iglesia Wesleyana ha sostenido durante mucho tiempo y sigue creyendo que el matrimonio es una institución creada por Dios y debe ser entre un hombre y una mujer. Tan recientemente como en el 2004, la Conferencia General votó por unanimidad en votación secreta, afirmando la posición de la Iglesia en el sentido de que el matrimonio es entre un hombre y una mujer. Otras medidas reafirmando esta posición se han adoptado hasta muy recientemente.
Los Estados Unidos y la cultura occidental han experimentado un cambio radical en su percepción del matrimonio entre personas del mismo sexo en los últimos años. La iglesia debe estar muy consciente del contexto cultural del ministerio y estar dispuesto a cambiar, adaptarse y seguir siendo relevante en materia de lo no esencial. Sin embargo, nunca se debe sacrificar o comprometer la clara verdad bíblica. La iglesia siempre será la voz profética contracultural que ofrece a Jesucristo y su forma de vida y esperanza a cambio de abandonar los caminos del mundo.
La Iglesia Wesleyana, por amor a los demás, trabaja para ver que la Palabra de Dios y su mensaje sea más ampliamente comprendida y aceptada en el mundo. Creemos que el camino de Dios es mejor para cualquier persona y que se traducirá en una mayor paz, amor, alegría y esperanza en esta vida y en la vida venidera. Sin embargo, no buscamos que nuestro punto de vista sea impuesto a los demás, sino meramente se circunscribe a ser capaces de practicar nuestra fe consistentemente y ofrecer nuestro servicio a la sociedad de una manera que refleje nuestras creencias profundamente arraigadas. En los Estados Unidos, la primera enmienda de la Constitución otorga protección a las religiones y sus adeptos, en la divulgación de sus creencias, como es la convicción de que el matrimonio entre personas del mismo sexo no debe ser condonado. Inclusive, la opinión de la mayoría en la sentencia del Tribunal Supremo afirma específicamente esos derechos y esas protecciones.
A raíz de la sentencia, seguimos instando a los funcionarios públicos y los tribunales para defender la justicia pública y respetar la libertad religiosa y de conciencia de las personas u organizaciones que se encuentran en desacuerdo con as condiciones legales.
La iglesia está compelida por el amor de Cristo a preocuparse por todas las personas. Cuando desempeñamos el ministerio, en paz, y en el contexto de nuestras convicciones religiosas que creemos son saludables, verdaderas y de acuerdo con el plan de Dios, no es sólo por nosotros mismos. Es por nuestro cuidado por los demás, incluyendo a las generaciones aún no nacidas. Cuando nuestra postura es menos popular en una sociedad que, en cierto modo, se esta moviendo más lejos de Dios, el amor no nos deja retiramos. Es por amor hacia aquellos que nos pueden considerar sus enemigos que nosotros defendemos lo que sinceramente creemos es mejor para todos.
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